SANTO ENTIERRO DE CRISTO
Magnífica imagen en madera de pino de tea, de bulto redondo (está tallada al completo, incluso la espalda), de 1,42 metros. De estilo manierista (en torno a 1575) es atribuida a Jerónimo Hernández, excelente escultor abulense establecido en Sevilla y que establecerá junto a otros grandes maestros las bases de lo que sería la Escuela Sevillana de Imaginería. En su taller se formaron artistas de la talla de Gaspar Núñez Delgado, Andrés de Ocampo, Juan de Oviedo el Joven, Juan Bautista Vázquez el Joven y el que es sin duda uno de los máximos exponentes de la imaginería sevillana, Juan Martínez Montañés.
Iconográficamente representa a Cristo Yacente en el sepulcro. Sin embargo, su actitud contorsionada, la caída de los paños y mechones del pelo y el ritmo zigzagueante de la composición nos lleva a pensar que originalmente no fue concebido como Cristo Yacente, sino para formar parte de un misterio del Descendimiento o de Traslado al Sepulcro. Esta teoría se ve corroborada con los trabajos de numerosos historiadores como A. J. Morales y J. M. Serrera, que coinciden en situar esta imagen formado parte de un Descendimiento, del que Jerónimo Hernández pudo tomar referencias en grabados de Durero o Mantegna. El aspecto de este conjunto sería similar al de las iglesia de San Mateo de Lucena. Este hecho se ve apoyado por que la escultura posee dos piezas metálicas en su espalda y en el glúteo derecho, que servirían para fijarlo a la cruz, ayudado a su vez por la sábana con la que era descendido (similar al misterio de La Quinta Angustia de Sevilla).
Respecto a la autoría de Jerónimo Hernández, a veces cuestionada, además de los argumentos de tipo estilístico, se ha sumado recientemente el estudio aportado por Lourdes Moreno, Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla. Según documento hallado en el archivo de la Parroquia de San Juan, Jerónimo Hernández realizó para la Iglesia de Santa María de la Mota, entre otros trabajos, el Retablo Mayor, en torno a 1582. Por el libro de cuentas apenas hay datos acerca de la tipología de dicho retablo, pero es muy probable que estuviera presidido por un grupo escultórico que representara el Descendimiento, y al que pertenecería esta escultura.
Hasta que se empezó a usar esta imagen para procesionar, la Hermandad debió usar otras imágenes, como la del Cristo de papelón que aun conserva, más acordes a la iconografía de un Cristo Yacente y de mucho menor peso.
En 1987 la imagen fue restaurada por María Ugarte Monasterio y Carmen Suárez Ávila, que le devolvieron su aspecto y esplendor original. A parte de la magnífica talla, destaca la cuidada policromía, en tonos pálidos (tierras y violáceos) que acrecientan el patetismo de la escultura. Según algunos autores, la policromía podría ser del pintor portugués Vasco Pereyra (era muy común en la época que la policromía no la realizaran los escultores, sino pintores profesionales).


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